Suena la alarma. La apago y sigo durmiendo. Cinco minutos más tarde vuelve a sonar. Mierda, si son solo las nueve, quiero dormir. Cojo el móvil, y veo que ya estamos a 10 de septiembre. ¿Cómo es posible? Si hace nada estábamos en nuestra graduación, deseando terminar de una vez las clases…
Me levanto. Lo primero que hago es ir al baño para darme una ducha y despejarme, que sino por las mañanas no soy persona. Al salir me doy cuenta de la hora. Como no, voy tarde. Me plancho el pelo rápido, cojo lo primero que pillo para vestirme, meto todo en el bolso y salgo corriendo de mi casa para poder llegar al autobús. Consigo cogerlo, y voy hasta Legazpi. Allí he quedado con mis amigos para ir a desayunar. Cuando llego, están casi todos, faltan algunos. Esperamos a que lleguen y nos vamos todos en metro a desayunar. Nos sentamos en una terraza. Algunos se piden un café, otros leche con colacao. También hay gente que no pide nada. Estuvimos allí un buen rato, contándonos todo lo que había pasado en verano, todos juntos otra vez después de casi tres meses.
Después de un rato largo, miré el móvil. Las once menos diez. Era casi la hora. Nos levantamos y fuimos al colegio. Entramos al patio, y estaba lleno. Había muchos compañeros del año pasado, a los que saludamos con fuertes y largos abrazos, besos… Pero también había muchas caras nuevas. No conocíamos ni a la mitad.
Fuimos a ver las listas de las clases, para ver donde nos había tocado. Si coincidíamos con alguien o no. Después de estar un buen rato en el patio, nos bajaron al teatro. Nos dieron la bienvenida, nos presentaron a nuestros profesores y tutores, y nos volvieron a leer las listas. Al terminar, tuvimos que subir cada uno a nuestra clase.
Subimos todos juntos a la tercera planta. Por lo menos este año era un piso menos, aunque sigue siendo igual de cansado. Nos sentamos donde quisimos. Yo, obviamente, me rodeé de todos mis amigos que me habían tocado en clase. Esperamos, nerviosos, a que viniese nuestra tutora. Cuando llegó, se presentó, nos explicó un poco como iba a ser la nueva etapa y se centró más en su asignatura. Por último, nos dio el horario para el día siguiente, donde ponía que teníamos que entrar a las ocho y salir a las tres menos veinte, y nos dejó irnos a casa.
Salimos todos muy rápido de allí, supongo que fue porque, de algún modo, al estar allí estábamos asimilando que el verano había terminado. Y obviamente, nadie quiere eso. Pero, sinceramente, yo creo que bachillerato no es tan malo como lo pintan. Es más difícil y hay que estudiar más, lo sé. Pero te dejan mucha más libertad, ya empiezas a elegir lo que quieres estudiar y estás ahí porque tú quieres, ¿no es así?.
0 comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.