Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Lafuente Sanz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Lafuente Sanz. Mostrar todas las entradas

lunes, 29 de octubre de 2018

Mi inicio de curso: Vuelta a la cárcel

Ha llegado el día, no es un día cualquiera, hoy 10 de septiembre de 2018, tras haber ido al juicio de mi futuro y ser acusado por los cargos de querer llegar a ser algo en la vida, el juez ha dictaminado mi traslado inmediato a otro módulo de la prisión llamado bachillerato. Para mi es una palabra muy extraña, dicen que todas las personas que entran, tras mucho esfuerzo por realizar acciones que ellos creen innecesarias, son libres para hacer lo que quieran, el juez también me ha dicho que si mi actitud es la correcta como máximo solo estaré dos años, yo sin dudar acepté ya que si quiero llegar a ser algo en esta vida, por desgracia no hay otro camino para hacerlo, e de renunciar a mi libertad para más tarde ser libre de hacer lo que quiera. Estoy de camino, junto a mucha más gente, a esta nueva “etapa” de mi vida, pensando en la misma pregunta: ¿Sirve para algo esta nueva etapa?, mucha gente se preguntará por qué pienso en eso, y la razón es muy sencilla, mientras voy de camino a mi nueva cárcel, observo a gente con la mirada perdida, con falta de ilusión en sus ojos, lo que hace que me pregunte: ¿Soy yo el único que quiere llegar a ser algo en la vida, que quiere dejar su huella en este mundo tan frío? o ¿Esa misma gente que veo por la calle pensaba lo mismo que yo?, haciéndome pensar, si mi decisión es la correcta, o si simplemente voy a malgastar mi tiempo, para acabar por la calle con la mirada perdida pensando solamente en una palabra, rutina, esa palabra que le quita el sabor a la vida, que hace que te levantes por la mañana para vivir lo mismo que viviste ayer, una vida vacía. Llegando, me encuentro con muchos compañeros y amigos que también eligieron sufrir para ser libres, y poder vivir su vida. Entramos a la misma sala de todos los años para dar inicio a lo que futuramente serían nuestras peores pesadillas, poco a poco se van presentando uno a uno nuestros supervisores, que amablemente nos hacen llamarles tutores, yo se que no están para comprenderte, están para vigilar y corregir las acciones que según ellos no deberías hacer. Tras ser asignado a un supervisor junto con un grupo de compañeros, somos acompañados a nuestra celda personal, donde pasaremos el próximo año entero. Algunos expresan una falsa felicidad al volver, sonriendo para expresar normalidad, otros están en silencio, esperando lo que venga a continuación, yo mientras bromeo con un grupo de amigos para hacer más amena mi estancia en ese lugar. Tras ser explicados por el supervisor nuestros horarios de entrada y salida, también él mismo nos contó que esta etapa iba a ser un infierno, porque aunque al salir del colegio supuestamente teníamos libertad, íbamos a sufrir el mayor castigo que existe, los deberes, trabajos, que debíamos realizar en nuestro espacio de descanso personal, convirtiendo el mismo en una cárcel, haciendo que ni en tu tiempo de descanso (que los supervisores disfrutan) puedas descansar, asociando malos recuerdos a lugares felices. En ese preciso instante, fue cuando me di cuenta, de que me había metido en un lugar del que se entra, pero no se puede salir, eso que está en todo lo que hacemos cuando nos lo pasamos bien y sobretodo cuando lo pasamos mal, y que desgraciadamente nos acompaña casi toda nuestra vida, a eso yo lo llamo rutina.


Carlos Lafuente Sanz
Read More...